Posteado por: filoblogico | Octubre 1, 2008

De crisis y revolución, de amor y de muerte

Me cuesta mucho despegarme de la cama y comenzar cada día, así que últimamente he adoptado una vieja estrategia: el despertador-radio. Tampoco es que las ondas electromagnéticas sean muy efectivas en revitalizarme cuerpo y cerebro, pero son más efectivas que las sosas alarmas. La clave está en el mensaje. Durante semanas estuve atormentándome cada mañana con los discursos de odio, demagogia y desinformación de la COPE, y cuando no pude más pasé a Kiss FM. La estrategia es más sutil pero no por ello menos cruel: las pastelosas canciones, cargadas de simbología colectiva (lugares comunes de nuestra cultura cinematográfica…) y repetidas una y otra vez cada mañana, consiguen atormentarme lo suficiente como para que salte de la cama y me enfrente al desayuno.

El caso es que hace unos días lo que más me influyó de mis escuchas semioníricas de Kiss FM fue una noticia. La Cámara de Representantes de los Estados Unidos había votado contra las medidas propuestas por el Presidente para sanear con dinero público los mercados financieros. Siendo la emisora que era, no hubo catastrofismos, notas emocionales o análisis “de expertos”: se presentó el hecho. Y sin embargo, como la canción que seguidamente emitieron, la noticia estaba cargada de simbología colectiva. Otro espaldarazo a ese sentimiento de Crisis que viene insistiendo en habitarnos últimamente. Y no se trata ya tanto de una crisis financiera o económica, que también. El discurso de Nicolas Sarkozy del 25 de septiembre en Toulon estremece por lo que representa: la institucionalización de ese sentimiento de crisis en las más altas esferas (políticas y simbólicas) de Occidente. Se trata, en sentido más amplio, de un sentimiento difuso y ubicuo de crisis que le da forma y la nutre. Llevo años dándole vueltas al paralelismo entre nuestro mundo y el de los años treinta del siglo XX y, aunque hay muchas distancias que salvar, no deja de parecerme más y más pertinente.

Se instaló en mí un sentimiento que, en realidad, nada tenía que ver con las finanzas globales. Era un sentimiento de Crisis, de ruptura, una brecha en un cascarón. Me pasé el día desgarrando silencios dictatoriales, hieráticos e idiotas. Deshice en jirones una paz que no es sino opresión del sentimiento, y abrí mucho la boca para inspirar todo el aire que me he estado negando. Duele hacer trabajar a las células que han estado desmovilizadas, condenadas al miedo y al recogimiento… Y desde entonces me he pasado las horas eligiendo ese dolor, que me desborda, que me ahoga a veces y amenaza siempre con anegar mis pulmones.

La perspectiva es totalmente distinta. Desde aquí noto, siento, oigo, huelo… Desde aquí conozco y reconozco, en primer lugar a mí mismo y a mis trayectorias, circulares, en espiral… Revolucionarias. Desde aquí cultivo y mimo nuevos dedos y nuevos pies para moverme en la Ciudad. Desde aquí aprendo a generar voz para decirme que mi crisis no está ordenada, y que mi gestión de la misma será revolucionaria. Desde aquí elijo y construyo cada día un camino en el que no me escondo los conflictos y en cuya contingencia y paradoja me encuentro y me reencuentro.

Imagen: Luis Feito

Posteado por: filoblogico | Junio 19, 2008

¡Yo declaro el estado de empatía permanente!

Bajamos a comprar el pan, hacemos un transbordo en el metro, nos ofrecen un papel de publicidad en la calle, salimos por los barrios y los bares, descolgamos el teléfono, conducimos vehículos en la calzada, miramos los telediarios, usamos el lenguaje…

Y se nos olvida, porque dejamos de verlo, que las personas que nos rodean son seres hhhumanos. Hacemos planes de futuro, soñamos, calculamos, nos enfadamos, nos evadimos, preparamos, nos con-formamos… y casi no sacamos tiempo para mirar un par de pasos más acá y encontrar al Otro, y reconocerlo como tal.

Ese lanzarnos hacia adelante, proyectando en el tiempo y en el espacio olvidándonos del Encuentro con las personas que tenemos enfrente, es mutilarnos como personas. Renunciar a un esfuerzo continuo de empatía es negarnos parte de nuestro ser-persona. Cada vez que nos empeñamos en interpretar o explicar sin calzarnos antes los zapatos del Otro, sin ponernos en su lugar, echamos un poquito más de arena en la cima de la enorme montaña de violencia, incomprensión y miedo en cuyas grutas tenemos por gusto vivir. Cada vez que se nos olvida la humanidad en la que (sobre)vivimos, cada vez que no la tenemos totalmente presente, integrada en nuestros múltiples sentidos, nos deshacemos y nos convertimos en un poco más lobos de cuento.

Parece simple, y evidente, pero no lo es.

EUobserver.com publicaba el pasado 22 de abril una noticia cuya entradilla rezaba: “La Comisión Europea ha abandonado sus planes de proteger a gays y lesbianas contra la discriminación, por presiones de Alemania”.

La Comisión, sobre la base del artículo 13 del Tratado de Amsterdam, había anunciado presentar una directiva contra todas formas de discriminación en 2008, pero ahora se reduce a protección contra la discriminación de personas discapacitadas. ¿La razón? El miedo a que los Gobiernos conservadores hagan peligrar la unanimidad necesaria. Jan Jarab, del Departamento de Empleo de la Comisión Europea, declaró en una entrevista en la BBC: “La Comisión preferiría tener una directiva horizontal que cubra todos los ámbitos de discriminación en todas las áreas que aún no están cubiertas. Una vez dicho esto, necesitamos ser realistas, y tenemos señales de algunos Estados miembro de que no apoyarían una directiva tan horizontal, lo cual es un problema, desde luego, porque necesitamos la unanimidad en el Consejo [Europeo] para aprobar la propuesta”. Así, la discriminación en términos de orientación sexual, edad y religión, quedarán relegadas a meras recomendaciones de la Comisión, en vez de directivas.

Lo que me interesa resaltar aquí es que, el argumento que el Gobierno alemán utiliza para presentar su rechazo a la protección de gays y lesbianas contra discriminación, no es una argumentación religiosa, moral o ética, implícita o explícita, sobre la inferioridad de las personas no heterosexuales. El argumento es que una directiva de tales características sería demasiado costosa para los empleadores y las empresas prestadoras de servicios.

El argumento no tiene pérdida. ¿Protección legal contra la discriminación? Sí, pero siempre y cuando no cueste dinero en indemnizaciones. Más allá de que las razones que el Gobierno alemán y otros gobiernos europeos (como el de República Checa) han escogido para presionar contra la protección de la diversidad sexual a nivel comunitario, escondan razones de orden ideológico-religioso, merece la pena reflexionar sobre la concepción de las elites ejecutivas de la Unión Europea sobre la no discriminación y sobre la gestión que de ella puede o debe hacer el poder político.

Es curioso, de cualquier modo, no ya que la Comisión esté ignorando el propio fundamento jurídico de la no discriminación en el ámbito europeo, concretamente de la no discriminación por razón de orientación sexual (recientemente reconocido por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en una sentencia sobre pensiones), sino que esté ignorando el posicionamiento fuertemente a favor de otros Estados miembro de gran peso como Reino Unido, Suecia, Finlandia o España.

Mientras tanto, si las iniciativas por resucitar una directiva anti-discriminación más comprehensiva no tienen éxito, la Comisión coronará los millones de euros gastados en el Año Europeo de la Igualdad de Oportundiades con una directiva que deja fuera un aspecto esencial de la diversidad. En ese caso, la maleabilidad de los derechos sociales en la Unión Europea, frente a la firme aplicación de la libertad de movimientos de capitales, quedará patente de nuevo.

La elección de no hacer, es desde luego la más política de todas.

Posteado por: filoblogico | Febrero 10, 2008

(E)valuar un cuatrimestre

Tendemos a desvalorizar la actividad evaluadora en muchas esferas de nuestra vida, y especialmente en aquello que más nos atañe y afecta. Unos momentos de reflexión bastan para darnos cuenta de que esto es un gran error. De la evaluación depende en efecto la configuración de todo lo que nos rodea, y, hecha de modo más informal o más formal, es muchísimo más constructiva que los criticismos cínicos en los que caemos tan a menudo y que nos aportan poco más que mal humor.

Así que no quiero dejar pasar el final del cuatrimestre sin hacer una evaluación de la asignatura de Sistema Económico Mundial, lo cual no deja de ser difícil. Muchas horas, muchas experiencias, muchas reflexiones y poco tiempo (en cualquier caso, no el suficiente) para recogerlas todas. Intentaré, por tanto, ofrecer una imagen de conjunto, global, y sobre todo varias propuestas que espero sean útiles para cursos venideros.

A decir verdad, en ocasiones me he sentido bastante frustrado por la distancia entre las expectativas creadas por una experiencia de aprendizaje innovadora, y las relativamente reducidas posibilidades que formar parte de un grupo tan grande permite. Desde mi humilde experiencia como animador de grupos, sé que movilizar y gestionar un grupo de tales dimensiones es realmente imposible, y hay que reconocer que a pesar de todo ha habido un dinamismo considerable. No deja de ser frustrante, sin embargo, pensar en las posibilidades que una experiencia así nos abriría si nos dividiésemos en grupos lo suficientemente diversos como para enriquecernos mutuamente, pero también lo suficientemente reducidos como para “estar más cerca un*s de otr*s”. Por otra parte, entiendo que las estructuras de la enseñanza institucionalizada universitaria (y las vidas frenéticas de cada un*, yo el primero) no se prestan mucho a ello, pero hubiera sido interesante extender la experiencia grupal fuera del aula más a menudo, y repetir con más conferencias, organizar algún video-fórum, etc. Finalmente, otro aspecto que debiéramos haber mejorado es el aprovechamiento del formador o facilitador, acudiendo más frecuentemente a las tutorías y explotando más las posiblidades que se nos ofrecían, aunque una vez más esto choca con los muchos quehaceres tanto estudiantiles como laborales que solemos tener. En definitiva, planteo aquí tres críticas constructivas que, lejos de dirigirse al profesor como líder-responsable, van dirigidas a tod*s nosotr*s, de modo que nos sirvan para aprovechar mejor otras oportunidades de este tipo que puedan presentársenos en un futuro… O para reflexionar en previsión de que algún día nos pueda tocar a nosotros decidir entre dar una clase magistral, de apuntes y tarima, o abrir un espacio de aprendizaje colectivo, horizontal y participativo.

Con todo, considero que la experiencia ha valido la pena, y que los “esqueletos” construidos durante estos meses voy a seguir llenándolos con conocimiento sobre la economía mundial y, más importante aún, el aprendizaje. Estoy convencido de que el “germen” de la innovación pedagógica debería seguir extendiéndose ya no sólo en la Facultad, sino mucho más allá de los campus universitarios, y llegar a los barrios, a los medios de comunicación, a las escuelas, a las empresas, a los gobiernos… Se trata de una tarea colectiva, transversal en cierto modo, que todas y todos debiéramos llevar por delante y de la que yo, desde luego, soy un abanderado.

Posteado por: filoblogico | Enero 31, 2008

Recogiendo ideas de exposiciones…

Ahora que las exposiciones grupales ya han terminado, abruma pensar en todo lo que se ha dicho. En semanas de tanto frenesí de estudios (libros, apuntes, esquemas, resúmenes que se pegan a la espalda y a las manos) la verdad es que es difícil encontrar el tiempo, las energías y los momentos de silencio para volcar en el blog las muchas reflexiones que querría expresar.

Por ello, voy a limitarme de momento a numerar las exposiciones que han pasado por el aula 100, ordenadas según el interés que han despertado en mí (lo cual no implica mi grado de acuerdo o desacuerdo, siendo ésta otra cuestión que merece posts particulares para cada exposición que espero poder escribir cuando termine los exámenes, dentro de diez días). Incluiré en esta lista las exposiciones sobre las que ya he hablado en anteriores posts.

La lista estaría constituida por los siguientes temas: el MERCOSUR, la inmigración, el comercio de armas y el narcotráfico, las deslocalizaciones, China-India, las instituciones financieras internacionales, el Protocolo de Kioto, el comercio internacional, la ASEAN, Arabia-Egipto, China (aspectos económicos), el acceso a la vivienda, India, China (aspectos culturales).

Posteado por: filoblogico | Enero 25, 2008

Nuestro turno: la Geopolítica del petróleo a la palestra

Después de mucho escuchar, llegó nuestro turno: exponer, explicar, sintetizar nuestra investigación en torno a la Geopolítica del petróleo.

No fue fácil: independientemente de las dificultades para llegar a una investigación común (horas de reuniones dentro y fuera de clase ,discusiones online, búsquedas bibliográficas, intercambios de artículos, opiniones divergentes, etc.), el reto de exponer los resultados, de manera unitaria y sobre todo de modo que resultara interesante para las y los compañeros suponía todo un reto.

Creo que corresponde a las y los demás juzgar en qué medida lo conseguimos. Por el momento, a la espera (impaciente) de comentarios y por aquello de la función social del conocimiento, dejo aquí tanto el documento de word de la investigación, como la presentación en power point sobre la que nos apoyamos para exponerlo en clase.

Y dejo también una imagen -que es siempre un arma de doble filo por recoger de manera sintética la (en este caso muy compleja) realidad-, que no tiene más cometido que invitar a la reflexión.

 

¡Los comentarios son bienvenidos! (como siempre)

Posteado por: filoblogico | Enero 16, 2008

Recogiendo ideas de exposiciones: el MERCOSUR a la palestra

Un grupo de compañeras y compañeros del aula 100 realizaron esta mañana una intersante y amena exposición sobre el Mercosur. Durante los minutos que utilizaron para la exposición volcaron más reflexiones sobre el rol que podría/debería llegar a jugar este actor en Latinoamérica y en el mundo, que hechos sobre el proceso de integración del Mercosur. Esto está lejos de ser negativo, aunque sí creo que hubiera sido muy interesante un análisis comparativo del Mercosur con otras iniciativas de integración regional dentro del ámbito del continente latinoamericano, como por ejemplo el caso de Centroamérica. En primer lugar porque se trata de modelos desde luego muy diferentes, pero con algunos puntos en común pertenecientes al continente, y sobre todo porque se hubieran evitado abusos en las comparaciones con la Unión Europea.

Y por ahí va la reflexión que quería lanzar al grupo al final de su exposición (finalmente no dio tiempo): en un contexto en el que la Unión Europea, de integración basada en lo económico antes que en cualquier otro ámbito, con una crisis institucional considerable, un marcado déficit democrático y una identidad escasamente articulada (no va mucho más allá del lema “unidos en la diversidad“, en el que ni siquiera se recoge la perspectiva de género), ¿queremos / necesitamos / es posible un Mercosur de inspiración europea?

Una de las exposiciones con las que nos hemos encontrado hoy al llegar al aula 100 trataba sobre el complejo y amplísimo Comercio Internacional. Consideraciones generales a parte, lo que más me llamó la atención fue la sección sobre medio ambiente y especialmente la relativa a inversiones extranjeras directas, con el caso específico del Cono Sur.

La falta de tiempo extermina ideas y aniquila lo más enriquecedor de estas exposiciones: el debate. Esto no deja de entristecer… así que me he decidido a volcar aquí algunas de las reflexiones-cuestiones que me saltaban a la mente esta mañana, en clase, para de alguna manera salvarlas de caer en ese agujero negro que es mi olvido y, en general, la mera asimilación de ideas (100% memoria, 0% interacción y pensamiento críticos).

En torno al tema del medio ambiente, no puedo dejar de plantearme lo irreal de esas dicotomías que se establecen entre países “desarrollados”, supuestamente dotados de restrictivas normativas ecológicas, por un lado; y países “en vías de desarrollo”, supuestos salvajes vaqueros de los ecosistemas, por otro. Parece más bien que la ecología se pone encima de la mesa como una herramienta más de la muy dilatada caja de utensilios para la conservación de la brecha entre Norte y Sur y el ejercicio del dominio postcolonial en el siglo XXI. Por otro lado, cuando se trata de verificar prácticas transformadoras o al menos transformadas en el ámbito del medio ambiente, lo más con lo que podemos toparnos son planes de “Resposabilidad Social Corporativa” (RSC) a los que empresas como Repsol les dedican calderilla (aunque la calderilla de las grandes corporaciones suponga varias decenas de millones de euros) para poder gastar libremente los billetes grandes sin preocuparse de qué río ensucian, que enfermedad propagan o a qué comunidad exterminan.

Sobre las inversiones extranjeras directas, mis reflexiones van por el mismo camino. Parece evidente (y pocos esfuerzos hay por ocultarlo) que gran parte de las inversiones extranjeras y de la cooperación al desarrollo Norte-Sur no son sino parte de las cartas de la ya archiconocida y manía baraja del colonialismo. Al menos, deconstruyamos los discursos de la inversión y el “desarrollo” en el Sur.

Posteado por: filoblogico | Enero 12, 2008

a vueltas con Sweezy

Estoy bastante emocionado con Sweezy. No he profundizado más en Teoría del desarrollo capitalista (en estas semanas de frenesí, fechas límites y agobios parece que uno se vuelve reacio a los libros que no traen sinopsis en la contraportada y economizamos los esfuerzos de lectura por querer abarcar más), pero sí he estado indagando en Internet (que, a pesar de lo que digan muchos, puede llegar a ser una magnífica fuente de información si no nos olvidamos de “trillar”).

Un par de artículos de la Monthly Review (la revista que él creó y de la que fue editor hasta su muerte), y algunos comentarios volcados en foros de Economía han dado un vuelco a mi investigación sobre las compañías multinacionales del petróleo. No terminaba de articular las ideas que he ido deshilando de toda la información que he encontrado sobre multinacionales petroleras, y ha sido Sweezy quien me ha dado una clave para interpretarlas.

Me refiero aquí a la concepción de Sweezy del proceso de acumulación capitalista, principalmente tal y como lo expresa en Monopoly capital. Voy a intentar volcar aquí las ideas más importantes para mí, y que creo resultan muy útiles para entender ciertos procesos contemporáneos (entre ellos, el de la economía de las petroleras).

En un contexto de economía monopolística, Paul M. Sweezy concibe empresas con beneficios crecientes: empresas con capacidad creciente para reducir sus costes y al mismo teimpo aumentar sus ventas (principalmente gracias al marketing y a la posición de dominio en el mercado). Así, se generarían unos superávits crecientes de enormes dimensiones, hasta el punto de provocar un paradójico problema: ¿qué hacer con todos esos beneficios? La respuesta natural sería dedicarlos a la inversión para seguir aumentando así los beneficios, pero esto ya no es posible poque el consumo no alcanzaría tales niveles de absorción. Así, la inversión deja de ser rentable y se crea una tendencia al estancamiento económico. Quizá lo más interesante de esta teoría (con enormes reflejos en la economía contemporánea) sea las salidas o válvulas de escape que, según Sweezy, tomaría ese capital para intentar paliar la mencionada tendencia al estancamiento: gasto en marketing, gasto imperialista y militar, y operaciones financieras. Esto nos da claves analíticas para comprender las vinculacioens de determinadas industrias (como la petrolera) con acciones militares y postcolonialistas de los países del Norte, así como la marcada tendencia a la concentración de las empresas o los exorbitantes salarios de los consejeros de administración de las mayores compañías.

No quiero adelantar demasiado, porque son ideas que desarrollaré en el trabajo y que pretendo exponer en clase. Aún así, tenía ganas de dejar constancia de mi “descubrimiento” en el blog, y de afirmar que Sweezy “nos ayuda a comprender”…

Posteado por: filoblogico | Diciembre 19, 2007

Música y Realidad social

La gallineta, de Lluis Llach

A pesar de que se trata de una canción de los 70 (paradigmática de los años de transición española), o quizá precisamente por eso, creo que es pertinente escuchar, sentir y pensar de nuevo La gallineta. Por el espíritu que recogía, de años de crisis en los que algo nuevo rompe el cascarón y quiere salir a vivir; por la idea liberadora que canta Llach y que hoy resuena en tantísimos pliegues de la realidad que vivimos y construimos.

Para pensar…

“La gallineta ha dit que prou,
ja no vull pondre cap més ou,
a fer punyetes aquest sou
que fa tants anys que m’esclavitza.

I si em vénen ganes de fer-ne
em faré venir un restrenyiment,
no tindrà cap més ou calent
el que de mi se n’aprofita.

La gallina ha dit que no,
visca la revolució.

A canvi d’algun gra de blat
m’heu tret la força de volar
però, us ho juro, s’ha acabat!
Tinc per davant tota una vida
i no pateixo pel destí,
que un cop lliurada del botxí
no ha d’haver-hi cap perill
perquè m’entengui amb les veïnes.

La gallina ha dit que no,
visca la revolució.

I els galls que amb mi hauran de dormir
els triaré sans i valents,
que n’estic farta d’impotents
que em fan passar nits avorrides.
Que quedi clar per sempre més,
que jo de verge no en tinc res,
i que, posats a fer, no em ve
d’un segon restrenyiment.

La gallina ha dit que no,
visca la revolució.”

Posteado por: filoblogico | Diciembre 10, 2007

…sobre los muy pertinentes aportes de Sweezy

A comienzos del cuatrimestre parecía un verdadero reto abordar la obra Teoría del desarrollo capitalista de Sweezy, comprenderla y asimilarla. Ahora que ya queda atrás, puedo confirmarme a mí mismo que lo era.

Y sin embargo, ha sido un reto bastante enriquecedor, que ha alimentado numerosas reflexiones y que lo seguirá haciendo -seguro- durante los próximos meses.

Aquí se puede encontrar el resumen de los dos capítulos de este libro de los que yo me encargué, que encajan con los resúmenes de Pablo Bernabéu, Rodrigo Urriolagoitia y Alfredo Ruán.

Como puede verse, entonces, yo me centré, después de hacer una lectura rápida de los siete capítulos (pertenecientes a las partes primera y segunda de la obra), en resumir los capítulos tercero y sexto. El problema del valor cuantitativo y la tendencia descendente de ganancia: ambos temas relacionados con el proceso de acumulación capitalista que no sólo me han planteado nuevas preguntas (anteriormente inexistentes en mi mente), sino que me han aportado ideas para el proceso de investigación que estoy llevando a cabo sobre las compañías multinacionales del petróleo, en el marco de la investigación sobre Geopolítica del petróleo que en mi grupo estamos realizando.

Así que, a pesar de lo duro del texto (por su contenido teórico y la superficialidad de mis conocimientos de teoría económica marxista, principalmente), ha sido una lectura provechosa. Me quedo con ganas de que hablemos más de Paul M. Sweezy en clase.

Posteado por: filoblogico | Diciembre 2, 2007

+ reflexiones en torno a Método(s) y Ciencia(s)

Después de haber escrito mi post sobre la lectura #5 de Longo, leí con gran interés el pequeño ensayo de Carballo sobre Ciencia y Método (inédito) del cual yo hice este resumen. La verdad es que no vino mal esta nueva aportación para seguir reflexionando en torno al tema, y me alegró encontrar referencias a Karl Popper, así como ver recogidas algunos de los pensamientos que yo “volqué” en el post anterior.

Me gustaría señalar algunas cuestiones que me llamaron especialmente la atención. En primer lugar, que no estoy de acuerdo con que el hecho de que Popper llame ciencias a los campos cuyas hipótesis puedan ser refutadas por la experiencia pueda inferirse que Popper no considera ciencias a las ciencias sociales: en mi opinión, la refutación empírica es más que probable en el ámbito de las Ciencias Sociales, y para ello contamos con un rico bagaje de técnicas tanto cuantitativas como cualitativas cuya riqueza reside en el deber de adaptarse a cada circunstancia particular. Por otro lado, me agradó encontrar una crítica a la fragmentarización del conocimiento científico (al menos eso entendí yo en el apartado #2, sobre Ciencia y Progreso): en mi opinión, la división en disciplinas, si bien es conceptualmente útil, puede llegar a congelar (en el sentido negativo de la palabra) la agilidad del conocimiento humano, que debe ser transversal, abierto y humanista. Finalmente, quisiera lanzar una reflexión en cierta medida provocadora sobre lo que afirma Carballo al final del apartado #4 (sobre Método e Ideología), diciendo que la influencia de la ideología sobre la ciencia y su método está especialmente acentuada en las ciencias sociales. En mi opinión, se trata de una afirmación que contiene una parte de verdad (estas influencias son mucho más visibles en las Ciencias Sociales), pero esconde el hecho de que la verdadera diferencia es que esas influencias están sometidas a debate y a tensiones por hacerlas visibles en lo social, mientras que en el ámbito de las Ciencias Naturales los debates sobre epistemología ocurren mucho más raramente. En ese sentido, las Ciencias Sociales están más cerca de superar dichas influencias, pues están constantemente dando el paso de ponerlas encima de la mesa (o intentarlo), tendencia que al menos yo no conozco en el ámbito del conocimiento sobre lo “natural”.

Una vez más, la lectura del texto de Gino LONGO, “El mecanismo de la investigación científica”, en Manual de economía política. Comunicación, páginas 25–40 (del cual yo hice este resumen) nos ofrece diversos apuntes en torno a la Epistemología que parecen muy relevantes, algunos de los cuales quiero comentar aquí.

En primer lugar, cabe decir que las posturas de Longo sobre la comprobación de las hipótesis (y, en general, su concepción del proceso de investigación científica) recuerdan inevitablemente a las tesis del filósofo de las ciencias Karl Popper. En concreto, cuando Longo dice que “la mayor o menor correspondencia de los hechos reales con las teorías formuladas es el único criterio para comprobar la verosimilitud de una determinada hipótesis”, está a tan sólo un paso de llegar a la teoría popperiana de la refutación como único medio de llegar al conocimiento científico. También “oímos hablar” a Popper en las palabras de Longo que defienden que a las hipótesis llegamos no por mera inducción, sino a partir de unos ciertos conocimientos teóricos previos espontáneamente construidos. Y sin embargo, en lo que –desde mi punto de vista- parece que Popper y Longo más se encuentran es en su negación de la construcción social –y por tanto colectiva- de la ciencia. Veíamos en la lecutra #1 que Longo definía la ciencia (vs la praxis) como esencialmente individual, y aunque pudiera parecer que en este texto se contradice, no hace sino reforzar la tesis, al no admitir la ciencia más que como una mera suma de las investigaciones individuales. Tanto Popper como Longo parten de una negación de la dimensión colectiva del conocimiento humano, que se constituye en sociedad. En este sentido, llama la atención lo recurrente del uso que Longo hace de la palabra “objetividad”, en especial cuando la utiliza como adjetivo para “realidad”: me hace recordar lo alérgico que soy a la unión de esas dos palabras, especialmente cuando no van anexas a un reconocimiento de la dimensión social de la ciencia y de la investigación. No obstante, me parece notar aquí que no me refiero aquí meramente a las ciencias sociales como ciencias menos exactas (es más, adhiero casi por completo a la teoría popperiana de la unidad del método científico): en mi opinión la ciencia contiene un componente de constructo social que ha de visualizarse para que podamos tomar realmente en serio tanto su método como sus conclusiones; y este componente de construcción social no es propio sólo de disciplinas como la Ciencia Política o la Psicología, sino que se da también en materias tan “puras” como la Física o la Química. Para las personas interesadas, recomiendo una lectura de un libro (en francés, no sé si habrá sido traducido): Latour & Woolgar « La fabrication d’un fait : le cas du TRF(H) » in La vie de laboratoire, Paris, La Découverte, chapitre 2. Se trata de un texto en el que podemos comprobar cómo los conocimientos que suelen sacralizarse en el altar de una ciencia supuestamente objetiva (hasta el punto de ser ajena y lejana al ser humano) son tejidos también con el hilo de las interacciones sociales.

Por otra parte, y en otro orden de cosas, me parece relevante señalar aquí la importancia que le da Longo al método (definiéndolo como “esencia” de la ciencia), con la que estoy fundamentalmente de acuerdo. Su defensa de la enseñanza de métodos (más que de meros contenidos factuales) nos lleva una vez más a la cuestión de la pedagogía y del sistema educativo “complutense” (todo un género…). Sin duda, creo que la educación (y casi aún más la educación universitaria) tiene en efecto un deber de proporcionar métodos y, en sentido más amplio, herramientas para el desarrollo personal, humano y científico de los alumnos (y de la sociedad con ellos). Sin ellos, poco sentido tiene la acumulación de conocimientos. No puedo evitar trazar un paralelismo con nuestra aula 100 y las clases de Sistema Económico Mundial. Desde mi punto de vista, el proceso de investigación que allí se ha abierto, en grupos, que ha ido mostrándose poco a poco como difícilmente operativo (y ello por razones tan diversas como la escasa participación, el escaso tiempo y el escasísimo seguimiento son sólo algunas de ellas), aparece castrado si no hay unos mínimos contenidos teóricos que lo rellenen. De poco nos sirven discusiones y lecturas de epistemología, en una clase de Sistema Económico Mundial, si no se están entretejiendo con elementos teóricos y otras herramientas que nos ayuden a aprehender la realidad económica global contemporánea. No soy ni mucho menos partidario de las clases magistrales, pero me entristece y sobre todo me frustra, miércoles y jueves nada más empezar la mañana, constatar una y otra semana que, independientemente del método que enfatiza Longo, se olvidan los contenidos –sería útil contar con unas pequeñas herramientas teóricas para abordar cuestiones tan complejas como la financiarización de la economía mundial o los modelos de desarrollo del Sur-, y se olvidan las actitudes científicas. Creo que Longo, al destacar el método, se olvida de algo más sutil y menos técnico pero igualmente importante: una actitud abierta, de rechazo del prejuicio y alerta permanente, en la que no caben afirmaciones de tipo periodístico –más propias de un titular de prensa que de un aula universitaria de Ciencias Sociales- ni afirmaciones definitivas. Creo que ésa es la tarea más difícil –y por supuesto más importante- de la Universidad, la formación en valores y actitudes científicas, sin las cuales ni el método (conjunto de técnicas de vital importancia) ni los contenidos (que a pesar de todo siguen siendo necesarios) cobran todo su sentido.  

Posteado por: filoblogico | Noviembre 18, 2007

Reflexividad, una vacuna contra planteamientos ideológicos

Comentando esta semana la lectura de Manuel SACRISTÁN, “¿Qué es una concepción del mundo?”, en F. Engels: Antidüring, Grijalbo -de la que yo hice este resumen- surgió un tema que para mí es central a cualquier discusión sobre investigación científica (y especialmente investigación social): la reflexividad.

De la certeza de que la “ideología” (yo preferiría decir las ideas, pues no todos tenemos ideología, al menos si la entendemos en el sentido en que la entendió Hannah Arendt) influye en todas las etapas del proceso investigador, y de que por tanto éstas ejercen una influencia sobre el conocimiento, surge el deber (no ya moral, sino puramente científico, yo creo) de hacer conscientes esas “ideologías” y “concepciones del mundo”.
Creo que es util usar para esta idea el nombre “reflexividad”, que expresa una vuelta, un regreso de nuestras propias ideas, que se proyectan hacia el exterior, a nosotros mismos. Ese regreso no sólo debe ser consciente, sino que ha de ser también lo suficientemente maduro como para no desaparecer de nuestra vista. Que las ideas (o “ideologías”), las concepciones más personales, están en constante juego y apelación con los conocimientos, ha de llevarnos por otra parte a fijarnos en ciencias sociales en la consistencia de las argumentaciones. Es decir, partiendo de ser conscientes de nuestras “concepciones del mundo” y de, además, hacerlas honestamente públicas en el argumentar, debemos ser consecuentes y no caer en contradicciones con ellas. Ello amputaría nuestra teoría, o nuestra hipótesis, y sobre todo nuestra argumentación, por inconsistente.

La Reflexividad se convierte entonces en un juego constante del pensamiento que pone en cuestión las ideas (pre)concebidas y que nos permite crecer intelectualmente al dialogar con ellas. Una verdadera actitud reflexiva constituye, pues, una vacuna contra las ideologías en el sentido arendtiano.

Posteado por: filoblogico | Noviembre 16, 2007

Ciencia y praxis: el político y el politólogo

Hablábamos el otro día en el aula 100 sobre una lectura de Gino Longo (Gino LONGO, “Características del conocimiento científico”, en Manual de economía política. Comunicación) en la que se abordaba la multidimensional cuestión de ¿qué es la ciencia? y sobre la cual yo hice este resumen.

He de decir que me sentí muy identificado al escuchar que se trataba de una lectura con la cual uno podía asentir en una frase para disentir en el sieguiente párrafo. Ése fue mi caso. Por ejemplo: me adhería a Longo en su opinión de que la ciencia no puede limitarse a describir, ni siquiera a explicar; y por otro lado rechazaba casi ideológicamente que la acción fuera sólo colectiva y el pensamiento fuera sólo individual. ¿Qué hacemos pues de la muy relevante acción individual, y sobre todo, con el potente pensamiento colectivo? No me caía bien la concepción de los movimientos sociales y de las ideas contenida en esa afirmación. Y a pesar de todo lo que más me removió, lo que más despertó mis neuronas, fue la parte en la que Longo diserta sobre ciencia y praxis, y las relaciones entre ambas.

La imbricación en la praxis del conocimiento científico (que no sería pues un fin en sí mismo), el carácter necesario del conocimiento para la praxis, y la diferencia radical entre los desarrollos de ciencia y acción, fueron las ideas que más me despertaron. Para empezar, porque creo que se trata de un debate que, como estudiantes de Ciencias Políticas, hemos de ser los primeros en abordar. Primero, porque nos dedicamos al estudio del poder, de la polis y el polemos; y en segundo lugar, porque, mientras lo hacemos, muchas y muchos de nosotros nos estamos implicando o nos hemos implicado en Política. La relación entre conocimiento y praxis, entre ciencia y acción, me parece un debate, un problema, infranqueable. Se trata, a mi entender, de la enriquecedora discusión entre el político y el politólogo.
Con esto no quiero decir que uno deba escoger a los veinte años si se autodetermina como una cosa o la otra. Ni mucho menos: pueden convivir, y de hecho conviven en mi caso, el político y el politólogo. A lo que me refiero es a que el debate entre ciencia y acción es un debate filosófico muy enriquecedor que no debería evitarse, más bien al contrario.

Yo estoy convencido de que la respuesta no es fácil, precisamente porque ese debate filosófico, en sí, ya está imbricado en la práctica cotidiana. Queramos o no, somos actores, y lo somos de manera más evidente en ciudades (geográficas, académicas, socioeconómicas…) globalizantes y globalizadoras: nuestro comportamiento cotidiano está impregnado de política. Mientras pensamos, actuamos (o dejamos de actuar): el pensador, por tanto, interviene en la esfera pública y transforma (o deja de transformar). Hacer Política, entendida aquí en sentido amplio, no es opcional, aunque sí lo es cómo hacerla.
Y sin embargo, desde mi experiencia -activa y reflexiva- perfilo una actitud, unas ideas, más próximas a las de Longo que a las que fueron expuestas en clase. En el aula se calificó a la separación del conocimiento y de la práctica como típicamente “marxista” y como “un error” comprobado históricamente. No pretendo cerrar el debate vertiendo aquí mis opiniones a favor del dibujo de fronteras entre ciencia y acción, entre el politólogo y el político, pero sí argumentar que esas dos afirmaciones son falsas.
Por dos razones muy sencillas. En primer lugar, la separación entre la ciencia y la práctica, si bien es cierto que rezuma en las ideas marxistas, no es exclusiva de esta escuela. Uno de los ejemplos que se me viene a la cabeza es el debate entre Jean Paul Sartre y Michel Foucault en torno al papel de los intelectuales, aunque más que en francés, esta cuestión me hace pensar en alemán. Max Weber, cuyos desencuentros con Karl Marx son bastante sonados, no es precisamente un tímido defensor de la separación radical de ciencia y acción. En su Wissenschaft als Beruf (traducida al castellano como La ciencia como vocación) y su Politik als Beruf (La política como vocación), ambas obras transcripciones de sendas conferencias en la Universidad de Münich (1919), Weber aborda el problema. En ellas (sobre todo en la primera) realiza una defensa radical de la separación entre ciencia (probablemente hoy diría ciencia social o ciencia política) y política (como profesión), que podría extenderse para hablar de la distinción entre el politólogo y el político, y la aplica al ámbito universitario preconizando la expulsión de la política fuera de las aulas.
Y esto nos lleva a la segunda parte de mi argumentación. A mi modo de ver este debate, que es ante todo un debate filosófico-político, está lejos de haber quedado zanjado, o al menos, no debería quedar. Muy al contrario, se trata de una discusión que hoy hace más falta que nunca, y sobre todo en lugares como nuestra Facultad. Donde la norma es que los politólogos (y los científicos sociales en general), los profesores, no sólo intervengan en o colaboren con las tareas más centrales al poder, a la Administración y al Estado, sino que pretendan llevar ese “político” que (respetablemente) existe dentro de ellos a las aulas y hacerlo coprotagonista o incluso protagonista de sus clases. Donde las cátedras se convierten en cañerías de la ideología (en el sentido más despectivo de la palabra) en las que la Ciencia queda diluida. Donde, utilizando la expresión de Weber, los profesores se convierten en profetas y el alumnado en un pueblo que espera salvador.

Se trata, cuando menos, de un debate interesantísimo y muy relevante (o práctico, si se prefiere), ya que en esto que yo percibo como una intrusión de la Política en la Ciencia Política, como una hegemonía del Político sobre el Politólogo (y una huida de casi cualquier elemento politológico de la propia práctica política) están insertas cuestiones de relevancia máxima. No sólo la pregunta que Longo se planteaba (¿Qué es la ciencia?), sino otras muchas que han de interesarnos: ¿qué es la política?, ¿qué es la Universidad?, ¿por qué y para qué?, ¿dónde (se sitúan y han de situarse) los intelectuales? son sólo algunas de ellas.

¿Investigar por y para la Ciencia? ¿Reflexionar para Actuar? ¿Actuar para Investigar? Son sin duda cuestiones enriquecedoras que, en tanto que cuestiones filosóficas, no tienen respuestas cerradas ni permanentes, sino todo lo contrario.
Y sin embargo hoy urge que nos las planteemos y que las debatamos, tanto en el Ágora como en la Academia.

Posteado por: filoblogico | Octubre 20, 2007

Estado, Welfare State y Economía glocal

Ahora que el paso de los días ha permitido que las discusiones de la semana se sedimenten, ha llegado el momento de echar la vista atrás para volver a la clase de Sistema Económico Mundial del miércoles.
El repaso de un dossier de prensa colectivamente construido, en el que las noticias fueron distribuidas en la pizarra geográfica y políticamente en los ejes Norte-Sur, Este-Oeste, sirvió como excusa para abrir un interesante debate sobre los Estados de bienestar (Welfare State o État providence, expresión esta muy adecuada para los países que nos quedamos en el sur de Europa), el petróleo y los golpes de efecto de la Economía mundial en los contextos locales.

Curiosamente, el punto de partida y de llegada de las discusiones fue el mismo: el petróleo. En este sentido podemos decir que la clase fue revolucionaria (en el sentido astronómico del término). Y es que, si en el comienzo estuvimos hablando sobre el carácter especulativo de los beneficios de las compañías del Petróleo  [¿cómo iba a ser de otra manera, si el "oro negro" es la sustancia que engrasa la economía financiarizada y esencialmente especuladora post-Reaganiana que hoy padecemos?], la clase terminó con una demonización de la economía petrolera, como “principal causa de nuestras desgracias y nuestras guerras”.
Entre medias, debates no menos interesantes fueron hilvanándose. El carácter esencialmente despilfarrador del Estado de bienestar (el despilfarro fue cifrado en torno a un 30% en las economías públicas), la esencia antidistributiva del sistema capitalista, las fortalezas y debilidades del Estado como forma histórica de organización política, la fe dogmática en las políticas monetarias al que el neoliberalismo nos aboca, las políticas de inmigración, la construcción como sector motriz de la globalización, y la inminente crisis del sistema y sus consecuencias sobre la periferia, fueron los puntos que más concentraron mi atención.

Se tocaron, pues, numerosos temas repletos de interesantes debates, lo que provocó que no pudiera profundizarse lo más mínimo en ninguno de ellos. Como visión global del contexto en el que se desarrolla nuestra vida material fue no obstante interesante, y salieron a la luz ciertos datos que para mí eran desconocidos anteriormente. Sobre los temas que me parecen aquí más importantes, los Estados de bienestar (hace falta, sin duda alguna, utilizar desde ya esa expresión en plural) y las economías petroleras, volcaré más adelante -probablemente la semana próxima- algunas reflexiones personales.

Posteado por: filoblogico | Octubre 13, 2007

… investiguemos

Geopolítica del petróleo.

Quedó sellado, escrito a mano y firmado por los miembros del grupo. Será el tema que nos reúna cada jueves y que nos muerda los cerebros para empujarnos al aprendizaje. ¿No?

Sinceramente, da miedo enfrentarse a la viscosidad (molesta) de una sustancia negra y oleosa en la que han quedado disueltos tantos litros de sangre, Historia y dignidad humana. Estudiar las relaciones petroleras supone muchas cosas: Oriente Medio, industrializaciones, colonización, tecnología, crisis, huella ecológica, Imperio, Compañías transnacionales, civilización moderna… Y todas ellas van de la mano con la ética individual de todos los que, para ir a estudiar, nos subimos a autobuses que comen hidrocarburantes para transportar nuestros cuerpos [y nosotros, cuando hay baches, nos agarramos a barras de plástico].

El petróleo es pesado y amenaza con arrastrarnos al fondo, al oscuro fondo marino, hasta convertirnos en sedimentos finitos de manto terrestre.

Posteado por: filoblogico | Octubre 11, 2007

Innovación pedagógica… ¿¡en la Complutense!?

Sucede que uno reincide en criticar el sistema educativo
para terminar construyendo una excusa a su ignorancia y
un refugio donde quedar a salvo de las apelaciones a la
responsabilidad individual.
Es la actitud del Idiota:
un ciudadano privado (desprovisto de…) que no participa en la polis,
una persona aislada, auto-retirada del mundo…
en definitiva, una persona jubilada de sí misma.

Madrugar fue duro, para no variar. Pero ir a la Facultad esta mañana mereció la pena porque me hizo dudar.

Escuchando en el aula 100, sentad* en un pupitre creado para diestr*s y propio de un aula de música, una curiosa colección de sentimientos me ha rellenado desde el principio la cabeza. Algunas frases que quisieron apuntarse en mi papel fueron “¡se aprende haciendo!”, “el conocimiento no se entiende si no tiene un para qué“, “a más trabajo, más conocimiento“, “lo que nos hace iguales es el esfuerzo“, “haremos cosas que sean buenas para tod*s“, “el programa lo vamos a definir nosotr*s“, “no sólo aprenderemos contenido, sino también método“, “vamos a comprometernos con los demás“. Reconfortaba ver recogidas en el discurso de una autoridad académica ideas que han ocupado gran parte de mi reflexión y de mi acción durante los últimos años (el mejor ejemplo: la necesaria participación del alumnado en la definición no sólo del contenido sino también de la forma de la Educación). Pero… un momento, un momento. Ni estamos hablando en finés, ni la clase tiene la estructura que tendría en uno de los liceos democráticos experimentales que existen en numerosos países alrededor del globo. Es la Universidad Complutense… paradigma de enseñanza universitaria autoritaria, de aprendizaje ahogado en los grandes grupos y en las rígidas idiosincrasias tanto de docentes como alumnos… Y… sí, sí, es la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, donde, aunque de vez en cuando se respiran aires de debate y participación que otras facultades de este o el otro campus deberían envidiar, sigue marcada por las tarimas, las no tan infrecuentes clases magistrales, y sobre todo la casi omnipresente ausencia de motivación.

Así que hay razones para mantener la guardia, desconfiar de tanta palabra bonita y no meter todavía el escepticismo en la caja de herramientas. Y sin embargo parecía que esas precauciones me estaban sirviendo, además, para rechazar ese discurso del esfuerzo y del trabajo y darle vía libre a mis pensamientos hacia preocupaciones (desde luego legítimas) sobre el expediente o todo el tiempo que facultad y trabajo monopolizarían…

Se escuchó también “vamos a comprometernos con los demás“. Yo (me) diría, mucho antes, “vamos a comprometernos con nosotr*s mism*s”, a apostar por nuestras propias capacidades y sobre todo por lo que nos provoca interés. Pero despiert*s. Y que el pupitre verde para diestr*s y producido a gran escala en otro continente (tan metafórico esto de lo que los sistemas educativos institucionalizados nos ofrecen) no nos impida estar abiert*s a enriquecimientos provenientes de compañer*s de aprendizaje (y no enseñanza). Que no me impida estar abiert* a mis ganas de dotarme de herramientas, de aprender en sentido amplio, de transformarme y de crecer.

Si del aula 100 llegan las riquezas prometidas, bienvenidas sean. Por el momento toca centrarse en romper esos diques que suelen impedirnos levantarnos de los pupitres, darle la oportunidad de escribir a otras partes del cuerpo ajenas a la mano derecha, y amueblar el aula (o la Facultad, o la Universidad, o la Ciudad…) a nuestra mejor conveniencia.

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