Una de las exposiciones con las que nos hemos encontrado hoy al llegar al aula 100 trataba sobre el complejo y amplísimo Comercio Internacional. Consideraciones generales a parte, lo que más me llamó la atención fue la sección sobre medio ambiente y especialmente la relativa a inversiones extranjeras directas, con el caso específico del Cono Sur.
La falta de tiempo extermina ideas y aniquila lo más enriquecedor de estas exposiciones: el debate. Esto no deja de entristecer… así que me he decidido a volcar aquí algunas de las reflexiones-cuestiones que me saltaban a la mente esta mañana, en clase, para de alguna manera salvarlas de caer en ese agujero negro que es mi olvido y, en general, la mera asimilación de ideas (100% memoria, 0% interacción y pensamiento críticos).
En torno al tema del medio ambiente, no puedo dejar de plantearme lo irreal de esas dicotomías que se establecen entre países “desarrollados”, supuestamente dotados de restrictivas normativas ecológicas, por un lado; y países “en vías de desarrollo”, supuestos salvajes vaqueros de los ecosistemas, por otro. Parece más bien que la ecología se pone encima de la mesa como una herramienta más de la muy dilatada caja de utensilios para la conservación de la brecha entre Norte y Sur y el ejercicio del dominio postcolonial en el siglo XXI. Por otro lado, cuando se trata de verificar prácticas transformadoras o al menos transformadas en el ámbito del medio ambiente, lo más con lo que podemos toparnos son planes de “Resposabilidad Social Corporativa” (RSC) a los que empresas como Repsol les dedican calderilla (aunque la calderilla de las grandes corporaciones suponga varias decenas de millones de euros) para poder gastar libremente los billetes grandes sin preocuparse de qué río ensucian, que enfermedad propagan o a qué comunidad exterminan.
Sobre las inversiones extranjeras directas, mis reflexiones van por el mismo camino. Parece evidente (y pocos esfuerzos hay por ocultarlo) que gran parte de las inversiones extranjeras y de la cooperación al desarrollo Norte-Sur no son sino parte de las cartas de la ya archiconocida y manía baraja del colonialismo. Al menos, deconstruyamos los discursos de la inversión y el “desarrollo” en el Sur.
